viernes, 12 de noviembre de 2010

El gobierno de Guido: agudización de los enfrentamientos militares


Después de los enfrentamientos. "los azules" quedaron dueños de la situación, y su figura principal, el general Juan Carlos Onganía, asumió el cargo de comandante en jefe del Ejército. Los militares "azules" y sus aliados civiles formaron un partido llamado Frente Nacional y Popular, este partido buscaba capturar los votos del peronismo, pero sin la figura de Perón. Este intento de peronismo sin Perón enfrento variadas y eficaces resistencias. Debido a estas presiones el frente promovido por los "azules" fracasó. Asi, se mantuvo la proscripción del peronismo, y en las elecciones de 1963 se impusó ineperadamente la fórmula de la UCRP, Arturo Illía- Carlos Perette, con 25,8% de los votos.

La caída de Frondizi

A partir de 1962, la situación política de Frondizi era difícil. Los militares habían acentuado sus presiones, el peronismo había fortalecido su representación sindical y política en la mayoría de las provincias, mientras el resto de los partidos continuaba rechazando al gobierno.

Si bien en 1958 Frondizi había triunfado con el voto del peronismo y durante su primer año de gobierno había procurado incorporar a los trabajadores en su proyecto, en 1962 decidió convertir a su partido en la primera fuerza del antiperonismo.

De acuerdo con esta nueva orientación, el gobierno autorizó la participación electoral de un conjunto de partidos peronistas y neoperonistas, aunque mantuvo la proscripción de Perón. En las elecciones del 18 de marzo de 1962 los partidos neoperonistas ganaron las elecciones en varias provincias. Pero ante la presión militar el gobierno anuló las elecciones en las cuales había triunfado los partidos neoperonistas y Frondizi fue derrocado el 29 de marzo y confinado ala isla Martin García.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Planteos militares


La relación con los militares fue el principal problema que debió enfrentar Frondizi. En un comienzo, el sector más antiperonista de las Fuerzas Armadas intento que Frondizi no asumiera la Presidencia, y apenas este asumió, se dedico a conspirar activamente contra un presidente que había llegado al gobierno por los votos peronistas.

Para los altos jefes militares Frondizi debía ser vigilado, no sólo en aquellos asuntos ligados directamente con el funcionamiento de las Fuerzas Armadas, sino también en otras áreas de gobierno como la política económica o las relaciones exteriores.

Además, los militares desconfiaban del estilo audaz e impredecible de Frondizi, consideraban que en el fondo Frondizi era un comunista. Pero, sobre todo, los oficiales de las Fuerzas Armadas no se resignaban a abandonar su papel protagónico en la vida política. Durante su mandato, Frondizi fue objeto de más de treinta “planteos” militares, que no eran otra cosa que presiones para que el presidente adoptara una decisión que algún sector militar consideraba conveniente.

Uno de los últimos y mas importantes planteos militares se produjo a propósito de la Revolución Cubana. El derrocamiento del dictador Fulgencio Batista en 1959 fue bien recibido por todo el continente. La simpatía se disipó bruscamente cuando el nuevo gobierno proclamo su adhesión al marxismo-leninismo y se alineó con la Unión Soviética. La reacción de los Estados Unidos fue de abierta hostilidad, compartida por los jefes militares de todo el continente, que veían confirmados sus mas profundos temores con respecto al avance del comunismo.

La política exterior de Frondizi procuraba mantener un cierto margen de independencia frente a la política norteamericana. Además, Frondizi pensaba que los principales conflictos internacionales de las naciones periféricas debían entenderse como resultado del intento de esas naciones para salir del subdesarrollo, y no como manifestaciones locales del enfrentamiento entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

En el contexto del progresivo endurecimiento de los Estados Unidos frente a Cuba, Frondizi llevó a cabo una audaz maniobra. En agosto de 1961 mantuvo una reunión secreta en la residencia de Olivos con unos de los dirigentes de la Revolución Cubana; el guerrillero argentino Ernesto “Che” Guevara, con el objetivo de mediar extraoficialmente entre los Estados Unidos y Cuba. Pero no tuvo éxito en este intento, y la filtración de la noticia de la entrevista provocó una nueva escalada de planteos militares que a punto estuvieron de culminar con el derrocamiento del presidente.

Ché en Punta del Este

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Una democracia a medias

Entre 1958 y 1966, el país tuvo una democracia a medias, pues uno de los partidos políticos, el peronismo, estaba proscripto para participar en las elecciones presidenciales, y su líder, Perón, debía permanecer en el exilio. Además durante ese tiempo, los militares ajercieron una intervención permanente, a veces en forma abierta y otras veces más disimulada.

Para las Fuerzas Armadas, la posibilidad del retorno del peronismo al poder era inaceptable. Al mismo tiempo, las expectativas de desperonizacion de la clase obrera habían fracasado, e incluso algunos jefes militares consideraban esto como una seña favorable, en la medida en que la identidad peronista de los trabajadores era un reaseguro frente al comienzo, que para los militares constituía la peor amenaza.

Para Perón, por su parte, esta situación resultaba muy complicada. Se había producido la apertura de ciertos espacios de legalidad política para el peronismo a través de la autorización a partidos denominados “neoperonistas”. Estos partidos eran de alcance provincial y estaban encabezados por antiguos dirigentes del ala política del peronismo. Para controlar esta situación, la estrategia de Perón desde su exilio consistió en impedir que cualquiera de los sectores peronistas predominara claramente y en evitar, al mismo tiempo, la fuga de dirigentes hacia el gobierno de turno.





martes, 9 de noviembre de 2010

Elecciones constituyentes y elecciones nacionales

El gobierno surgido en la Revolución Libertadora tenía carácter provisional: su principal tarea era conducir al gobierno hasta las elecciones nacionales.
En 1965 se produjo la división de la Unión Cívica Radical entre los seguidores de Arturo Frondizi, que formaron la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) y la que se denominó Unión Cívina Radical del Pueblo (UCRP). En las elecciones para constituyentes, el voto en blanco (según las directivas de Perón) se ubicó en primer lugar con el 25% de los votos. La UCRP se ubicó en segundo lugar, seguida por la UCRI.

Teniendo en cuenta estos datos, Arturo Frondizi, candidato a presidente por la UCRI, propuso a Perón un pacto por el cual el peronismo votaría la fórmula de los intransigentes a cambio de la promesa de normalización de la CGT y de la legalización del peronismo cuando Frondizi ocupara la presidencia. El acuerdo le permitía a Perón tener un papel muy importante en la política argentina, que hubiese sido inimaginable tres años atrás; para Frondizi, era la posibilidad del triunfo electoral. Las negociaciones del pacto fueron secretas pero sus resultados públicos. Gracias a este apoyo la fórmula Arturo Frondizi - Alejandro Gómez se impuso ampliamente en las elecciones de febrero de 1958 con 4.049.230 votos.

El antiperonismo al mando

Como en la mayor parte de los frentes que organizaron el golpes de Estado en la historia de nuestro país, los acuerdos entre los distintos sectores eran muy limitados: todos coincidían en el rechazo de Perón, pero difería en sus otros objetivos. El presidente de facto Eduardo Lonardi, que tenia afinidad con el nacionalismo católico, establecía una distinción tajante entre Perón y el peronismo, concentrando su crítica para el primero y reservando una actitud abierta y de colaboración para con el segundo. En noviembre de 1955, a causa de las diferencia en gobierno, Lonardi fue desplazado y asumió la Presidencia el general Pedro Eugenio Aramburu.

Con Aramburu y el vicepresidente, Isaac Rojas, los sectores decididamente antiperonista tomaron el control del Estado. Sus primeras medidas no dejaron dudas sobre esta orientación: Intervinieron la CGT, prohibieron la publicación de los nombres de Perón y Eva Perón y de cualquier imagen, símbolo o palabras que fuera expresión de su Movimiento, y declararon la ilegalidad del Partido peronista.

Mientras tanto, Perón (exiliado) procuraba mantener su liderazgo entre sus confundidos y dispersos partidarios, que habían organizado en la Argentina una organización clandestina llamada “la resistencia”. En Junio de 1956, algunos militares peronistas ( sin el apoyo de Perón) se alzaron contra el gobierno. La fracasada intentona, encabezada por el general Juan José Valle fue reprimida con una severidad inusitada, sin precedentes en el siglo: el gobierno aplico la ley marial e hizo ejecutar a 18 militares y 9 civiles que habían formado parte del Movimiento.